Sin campo no hay futuro
Cuando pensamos en desarrollo, es común que a la mente lleguen palabras como tecnología, inteligencia artificial o grandes edificios. Sin embargo, gran parte de lo que disfrutamos día a día nace en las comunidades rurales. Los alimentos que llegan a nuestra mesa, la conservación de los ecosistemas y la seguridad alimentaria dependen del trabajo de millones de personas que viven y producen en estos territorios. Por esta razón, la Organización de las Naciones Unidas estableció el 6 de julio como el Día Mundial del Desarrollo Rural.
Carlos Pástor Pazmiño, docente de la Universidad del Azuay, explica que esta conmemoración es el resultado de años de trabajo y organización de comunidades campesinas e indígenas que han impulsado el reconocimiento de su gran aporte a la alimentación. Asegura que "la ciudad no puede existir sin el campo" y que, detrás de cada alimento, hay personas, especialmente mujeres campesinas, que trabajan diariamente en huertos, chacras y pequeñas unidades de producción. Sin ellas, la alimentación y la vida cotidiana simplemente no serían posibles.
Del mismo modo, el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible va de la mano con la mejora de las condiciones de vida tanto del campo como de la ciudad. El especialista recalca que "todas las enfermedades vienen justamente de la alimentación". Si logramos tener una alimentación más sana, sin químicos y libre de agrotóxicos; en palabras sencillas, una alimentación que provenga del campo, las personas tendríamos una mejor calidad de vida, libre de enfermedades.
A pesar de su importancia, las comunidades rurales continúan enfrentando altos niveles de pobreza. Pástor menciona que esta problemática persiste debido a "la concentración de tierra y agua en puntos específicos y no en todos los lugares rurales". En consecuencia, se limitan las oportunidades de desarrollo y se obliga a muchas personas a migrar hacia las ciudades en busca de mejores condiciones de vida.
La Universidad del Azuay impulsa comunidades rurales sostenibles mediante la formación, la investigación y la vinculación. Entre sus principales acciones destacan las becas de equidad dirigidas a estudiantes de sectores rurales, quienes pueden desarrollar habilidades en áreas como la agroecología, el turismo rural comunitario y el procesamiento de lácteos. Además, promueve el comercio justo y desarrolla proyectos que fortalecen la relación entre productores y consumidores. Por ejemplo: "Las canastas navideñas siempre cuentan con productos de nuestros estudiantes de las carreras técnicas y tecnológicas; eso es el desarrollo rural: una relación directa entre productores y consumidores", menciona el docente.
Para avanzar hacia un desarrollo rural sostenible, Pástor considera indispensable fortalecer las políticas públicas, ampliar el acceso a la formación y garantizar una distribución más equitativa de recursos como la tierra y el agua. "Solo así será posible consolidar comunidades rurales fuertes y asegurar un futuro sostenible para toda la sociedad", finaliza.
En el marco de esta conmemoración, la invitación es también a la reflexión. Cada vez que un alimento llega a nuestra mesa, existe una historia detrás. Reconocer el trabajo de quienes lo producen es comprender que el desarrollo rural no es un tema lejano, sino una responsabilidad de todos.