¿Y si el té de manzanilla nunca se hubiera conocido?
Imaginemos, por un momento, que ciertos conocimientos nunca hubieran llegado hasta nosotros; que nadie nos hubiera enseñado cómo cuidar una plantita, cómo reconocer la manzanilla para aliviar el molesto dolor de barriga o cómo preparar la deliciosa comida de la abuela. Imaginemos, incluso, que las personas de quienes aprendimos estos saberes nunca hubieran existido.
Aunque resulta nostálgico pensarlo, muchas de estas enseñanzas forman parte de nuestra vida cotidiana y tienen detrás generaciones de mujeres indígenas que las han cuidado, practicado y transmitido. Sin embargo, muy pocas personas son conscientes de su importancia en la contemporaneidad, más aún en medio de tendencias como el “Daily Routine”.
Al regresar al ejemplo inicial, en el que recordamos los trucos infalibles para aliviar malestares o solucionar complicaciones de nuestra vida diaria, Juanita Bersosa, directora de Vinculación y docente investigadora de la Universidad del Azuay, señala que perder estos conocimientos significa mucho más que dejar atrás prácticas del pasado: también implicaría invisibilizar a las mujeres que han defendido la vida, cuidado la naturaleza, cultivado la tierra y transmitido estos saberes de generación en generación.
“Cuando hablamos de vida, del cuidado del agua, del cultivo de las semillas, de la sanación, de la medicina tradicional, hablamos también del legado y de la historia que tenemos en la familia”, explica.
La experta señala que el problema también está en la velocidad con la que vivimos. Entre la tecnología, las redes sociales y la necesidad de resolverlo todo rápidamente, cada vez hay menos pausas para preguntarnos de dónde proviene aquello que conocemos y quiénes hicieron posible que ese conocimiento llegara hasta nosotros.
“Cuando no nos detenemos a pensar de dónde viene, quiere decir que tampoco pensamos cuáles son las personas que producen ese conocimiento y lo desconectamos de su territorio”, señala Bersosa.
Incluso cuando estos conocimientos llegan a los procesos de planificación, pueden quedar fuera de los documentos técnicos y de las decisiones institucionales. La docente menciona que existen conocimientos ancestrales relacionados con los cultivos y la organización del territorio que no siempre son reconocidos en los instrumentos de gestión y planificación. Explica que, mientras una norma puede establecer restricciones para cultivar en determinados espacios, el conocimiento ancestral puede ofrecer otras formas de comprender y trabajar esos territorios.
Por ejemplo, en la Universidad del Azuay existe un huerto de plantas medicinales construido a partir de la recopilación de conocimientos ancestrales. El espacio verde incluye plantas como toronjil, albahaca y orégano, pero también busca reconocer las formas en que las comunidades las cultivan y el conocimiento que existe detrás de estas prácticas.
Reconocer estos aportes comienza por escuchar, pero ¿qué pasa cuando escuchar no es suficiente?
Escuchar es indispensable, pero no basta si no genera una reflexión. La investigadora agrega que escuchar tampoco significa únicamente crear espacios para que las mujeres indígenas compartan sus conocimientos. Su participación debe extenderse a los escenarios donde se toman decisiones sociales, comunitarias, locales, institucionales y académicas.
Considera que recoger estos conocimientos, ponerlos por escrito, investigarlos y difundirlos contribuye a evitar que esa memoria histórica se pierda.
Por esta razón, cada 5 de septiembre, la ONU conmemora el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del Mundo, una fecha que busca reconocer aquellos aportes que, quizás, pasan desapercibidos en el día a día.
Al final, los conocimientos no desaparecen de un día para otro. Sin embargo, está en nuestras manos hacer posible que nunca tengamos que vivir en un mundo sin esos “tips de la abuela” y, sobre todo, reconocer su verdadera importancia.
Basta con mirar aquello que hacemos todos los días y preguntarnos cuántas veces damos por sentado algo que alguien, generaciones atrás, se encargó de enseñarnos.