Cómo hacer networking siendo estudiante

Cómo hacer networking siendo estudiante

“No es lo que sabes, es a quién conoces” es una frase gastada, pero los datos le siguen dando la razón. Según el XVII Informe LHH sobre Outplacement, elaborado por la consultora de recursos humanos LHH, del Grupo Adecco, el 34 % de las personas encuentra trabajo gracias a su red de contactos. Para un estudiante universitario, esa cifra debería cambiar la forma en que entiende su paso por la carrera: el aula no es solo un espacio de aprendizaje, sino también el primer terreno donde se construye una red profesional. Suele pensarse que hacer contactos es algo reservado para cuando ya se busca trabajo, pero ese es un error frecuente. Las ferias laborales universitarias, como las que organizan periódicamente instituciones ecuatorianas con decenas de empresas participantes y cientos de vacantes disponibles para estudiantes y egresados, son apenas la punta del proceso. Antes de llegar a esos eventos, ya se debería tener un perfil profesional armado, algunas conversaciones iniciadas y una idea clara de qué se quiere preguntar.

Muchos estudiantes evitan el networking porque lo asocian con “usar” a la gente, cuando, en realidad, la clave está en entenderlo como un intercambio genuino de información e interés, y no como una transacción. Construir un perfil profesional antes de necesitarlo es un buen punto de partida: un LinkedIn actualizado, con una foto profesional, una descripción clara y proyectos académicos visibles, es la tarjeta de presentación que un reclutador revisa antes de la primera conversación. Los propios profesores son otra fuente subestimada, ya que muchos ejercen o han ejercido en el sector, y una pregunta bien planteada después de clase puede abrir una conversación que dure años. Participar en ferias, aunque todavía no se busque empleo, también suma, porque estos espacios permiten conversar con reclutadores sin la presión de una entrevista formal. Preguntar por el sector, y no solo por las vacantes, puede dejar una mejor impresión.

Sumarse a asociaciones y grupos estudiantiles, semilleros de investigación, clubes y voluntariados genera, además, vínculos con compañeros que, en cinco años, ocuparán cargos de decisión en distintas industrias. Y quizás lo más importante sea dar seguimiento a cada contacto: un mensaje breve de agradecimiento después de una charla o feria, mencionando algún detalle puntual de la conversación, es lo que diferencia un contacto real de una tarjeta olvidada en un cajón.

El networking universitario no se trata de coleccionar contactos, sino de sostener relaciones de valor a lo largo del tiempo. Los estudiantes que llegan a la graduación con una red construida con paciencia, entre profesores, compañeros, reclutadores y egresados, no dependen únicamente de su hoja de vida el día que buscan su primer empleo. Dependen también de las conversaciones que empezaron a tejer, semestre a semestre, mucho antes de necesitarlas.

Tampoco hace falta esperar a un evento formal para practicarlo: cada trabajo en grupo, cada pasantía y cada intercambio con estudiantes de otras carreras o universidades es una oportunidad para ampliar esa red sin que se sienta forzado. Incluso los espacios digitales, como las comunidades académicas o los grupos de exalumnos, permiten mantener el contacto activo aunque las personas ya no compartan las mismas aulas. A la larga, estas conexiones pueden traducirse en referencias, recomendaciones y oportunidades que ningún currículum, por sí solo, podría generar.