“No soy creativo”: el mito que limita a muchos estudiantes

“No soy creativo”: el mito que limita a muchos estudiantes

“Yo no soy creativo”.

Esta es una frase que muchos estudiantes repiten, especialmente cuando se enfrentan a actividades que implican proponer ideas, diseñar, escribir o expresarse de manera diferente. La creatividad suele asociarse únicamente con el arte, lo que lleva a pensar que es una habilidad exclusiva de ciertas personas.

Sin embargo, esta creencia puede convertirse en una limitación más que en una realidad.

¿De dónde nace la idea de no ser creativo?

Para muchos estudiantes, la sensación de no ser creativos no surge por falta de capacidad, sino por factores como la falta de motivación, el miedo a equivocarse o la dificultad para conectar con su parte emocional.

En entornos donde se prioriza la respuesta correcta por encima de la exploración, es común que la creatividad quede en segundo plano. Con el tiempo, esto puede generar la percepción de que crear es algo reservado únicamente para quienes “tienen talento”.

La creatividad no es solo para algunos

Desde una perspectiva formativa, la creatividad no es una habilidad limitada a ciertos perfiles. Está presente en todos los seres humanos y puede desarrollarse mediante práctica y orientación.

Gustavo Novillo Mora, docente universitario de la carrera de Artes Visuales, explica que “la creatividad está intrínsecamente en todas las personas, pero también puede desarrollarse mediante estrategias de enseñanza, ejercicios de observación y prácticas artísticas sencillas”.

Esto significa que no se trata de poseer un talento innato, sino de ejercitar una capacidad que ya existe.

Más allá del arte

Aunque muchas veces se relaciona únicamente con disciplinas artísticas, la creatividad también se manifiesta en la vida cotidiana. Desde resolver un problema académico hasta presentar una idea de manera innovadora o realizar actividades como cocinar u organizar un proyecto, esta capacidad está presente de múltiples formas.

“El acto de crear no depende únicamente de una formación previa. Es importante atreverse a proponer, experimentar y vivir el proceso, más allá del resultado”, señala el docente.

En este sentido, la creatividad no debería medirse únicamente por el producto final, sino también por la experiencia y el aprendizaje que genera en quien la desarrolla.

El papel de la educación

La educación puede influir tanto en el desarrollo como en la limitación de la creatividad. Contar con una guía adecuada puede marcar una gran diferencia.

“Tener un docente que oriente, acompañe y brinde estrategias es clave para que la creatividad pueda desarrollarse”, explica Gustavo.

Más que imponer una única forma correcta de crear, el acompañamiento permite que cada persona descubra su propia manera de expresarse.

Crear también es un proceso personal

Uno de los aspectos más importantes de la creatividad es su carácter subjetivo. En muchos casos, el valor de una creación no está en su perfección, sino en el proceso y en la satisfacción personal que genera.

“Lo más importante es que la persona se sienta bien con lo que realiza, satisfecha y segura de su proceso”, destaca.

Esto implica dejar de lado la idea de que todo debe ser perfecto y entender que crear también significa equivocarse, intentar y volver a empezar.

¿Cómo desarrollar la creatividad?

Aunque muchas personas sienten que no son creativas, existen formas de fortalecer esta capacidad en la vida cotidiana.

Una de las recomendaciones principales es la observación.

“Observar es una herramienta clave para crear. La inspiración está en la naturaleza, en las personas y en la vida diaria”, señala el docente.

Además, es importante:

  • Permitirse experimentar sin miedo al error 
  • Practicar de manera constante 
  • Explorar nuevas formas de expresión 
  • Evitar la comparación constante 
  • Entender que el proceso es tan valioso como el resultado 

La creatividad, como cualquier otra habilidad, se construye con práctica y constancia.

Una idea que vale la pena cuestionar

Decir “no soy creativo” puede ser más una creencia aprendida que una realidad. En muchos casos, la creatividad no es algo que falta, sino una capacidad que aún no se ha desarrollado o que ha sido relegada.

En la vida universitaria, donde constantemente surgen nuevos retos, recuperar la capacidad de crear puede marcar una diferencia no solo en el ámbito académico, sino también en el desarrollo personal.

Porque, al final, no se trata de ser artista, sino de atreverse a observar, experimentar y pensar de manera diferente.