La rutina diaria de los estudiantes de la Universidad del Azuay es un reto constante, porque la mayoría de los jóvenes opta por una movilidad sostenible. Además, la situación económica o la comodidad se contraponen, ya que ir a clases, volver a casa, encontrarse con amigos o llegar a tiempo a un examen implica recorrer una ruta que no siempre se acomoda a quienes se movilizan sin auto propio. Por lo tanto, en la UDA se impulsan campañas para que la comunidad universitaria experimente alternativas más sostenibles, seguras y saludables de movilidad.
Una de las maneras y hasta saludable es hacer ciclismo, ya que contribuye a conservar la salud y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, evitando el sedentarismo, y así ta,bién ayudamos al medio ambiente.
De esta manera, la movilidad alternativa podría considerarse funcional. Usar bicicleta, bicicleta pública o incluso caminar son opciones prácticas para trayectos cortos, especialmente cuando las rutas de buses no conectan directamente con el campus o presentan retrasos frecuentes. Además, estas alternativas reducen la huella ambiental y evitan la dependencia de vehículos privados.
Sin embargo, elegir cómo movilizarse también implica evaluar los riesgos. La seguridad en el espacio urbano sigue siendo una preocupación para muchos estudiantes, sobre todo durante la noche. Calles poco iluminadas, falta de señalización o ciclovías interrumpidas pueden dificultar el desplazamiento seguro y limitar el uso de medios alternativos de transporte.
Por ello, las universidades tienen la oportunidad de convertirse en espacios que fomenten cambios positivos en la ciudad, a través de campañas de movilidad sostenible, un ejemplo de esto se encuentra dentro del mismo campus: los carteles azules que señalan rutas, accesos y ubicaciones clave. Estos elementos de señalética no solo orientan a quienes transitan por primera vez, sino que también contribuyen a generar recorridos más organizados y seguros. Gracias a ellos, es posible identificar caminos accesibles o encontrar edificios. Incluso, también se encuentran los guardias de seguridad, quienes pueden ayudar con la ubicación de las facultades.
Para concluir, la movilidad universitaria no es únicamente un tema de transporte, sino también de inclusión, seguridad y sostenibilidad. Escoger cómo nos movemos dentro y fuera de la universidad puede ayudar a construir entornos urbanos más amigables para las nuevas generaciones, donde desplazarse no sea un obstáculo, sino una oportunidad para fomentar una movilidad sostenible.
