UDA en la prensa


Más abierto que el cielo

Más abierto que el cielo


Más abierto que el cielo

 

Para el vuelo del cóndor

Tiene abierto el espacio

Nuestra universidad

Abierto a las ideas

Sin dogmas ni fronteras

Abierto al pluralismo

Y a la diversidad.

 

Es el inicio del himno de la Universidad del Azuay que este mes llega al medio siglo. Nadie posee la verdad, pero existe en cuanto todos la buscamos. Es un ideal, una incitación para que el espíritu afine sus facultades y se proyecte a lo inalcanzable. Los dogmatismos se han esfumado a lo largo del tiempo. Lo que en un momento se consideraba verdad indiscutible ha sido superado por esta incansable tendencia a incursionar en lo desconocido.

 

Muchos son los caminos para avanzar en este proceso que generan diversas ideas y planteamientos. Esencial a una universidad en nuestros días es el respeto a estas diferencias para que quienes concluyan sus estudios tengan elementos de juicio amplios para hacer elecciones y tomar decisiones. La indoctrinación, como algunos de acuerdo con sistemas y épocas creían que era la razón de ser de la universidad, es anti universitario pues el desarrollo del pensamiento requiere, como punto de partida y meta la libertad. El título de unos de los libros de Paulo Freire: “La educación como Práctica de la Libertad” se acopla a este planteamiento.

 

Vivir no se agota en pensar, vivir es actuar y hacer; en este sentido la universidad equipa a los estudiantes con conocimientos adecuados para que puedan con eficiencia hacer frente a las diversas áreas del quehacer humano. La “todología” quedó sepultada en un lejano pasado y la circunscripción a espacios del pensar, ser y actuar es propio de nuestros tiempos. Para cumplir este propósito, una universidad debe empeñarse en la excelencia académica que, aparta de la solidez de conocimientos, se empeñe en superar los egoísmos y alentar la tendencia a compartirlos de múltiples maneras.

 

Se identificaba en el pasado al sabio con una persona que vive en las nubes ajeno a los problemas de la realidad. La universidad tiene que, en teoría y práctica, ser consciente de que el servicio a la colectividad es una de sus prioridades. El compromiso con los demás tiene que estar presente para que, quienes se gradúan, superando egoísmos y egolatrías, consideren sus carreras como un servicio a los otros en las respectivas áreas. Culminar los estudios universitarios es un privilegio de una reducida minoría. Hay que devolver ese privilegio con responsabilidad ante la comunidad

La Universidad del Azuay ha recorrido este medio centenario con estos propósitos, con realismo y sin mezquindades, sin abandonar la inconformidad en el sentido de que siempre hay que mejorar. El perfeccionismo es la negación de una universidad.

 



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