Solo voy a revisar un momento

Solo voy a revisar un momento

Esta es una frase que muchos estudiantes dicen antes de abrir el celular. Entran a una red social, leen una noticia preocupante, ven un video alarmante, revisan comentarios, pasan a otro contenido y, sin darse cuenta, han pasado veinte, treinta o cuarenta minutos consumiendo información que los deja más ansiosos, cansados o irritables.

A este hábito se le conoce como doomscrolling.

Aunque puede parecer una conducta inofensiva, el doomscrolling puede convertirse en una forma silenciosa de agotamiento mental, especialmente en estudiantes universitarios que ya viven bajo presión académica, social y emocional.

¿Qué es el doomscrolling?

El doomscrolling es el hábito de desplazarse de manera repetitiva por noticias, publicaciones o videos negativos, alarmantes o angustiantes, incluso cuando ese contenido genera malestar.

No se trata simplemente de informarse. Informarse implica buscar datos relevantes, comprenderlos y luego continuar con la vida diaria. El doomscrolling, en cambio, ocurre cuando la persona sigue consumiendo contenido negativo, aunque ya se sienta saturada.

Es como si la mente dijera: “Esto me hace daño, pero necesito seguir mirando”.

Y ahí está el problema.

¿Por qué cuesta tanto detenerse?

El doomscrolling no ocurre solo por falta de voluntad. Las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención. Cada deslizamiento puede traer una noticia nueva, una opinión intensa, una alerta o un video que genera curiosidad, miedo o indignación.

Además, el cerebro suele prestar más atención a la información negativa porque la interpreta como una posible amenaza. En otras palabras, cuando vemos contenido alarmante, una parte de nosotros quiere seguir mirando para “estar preparado”.

El problema es que, en la mayoría de los casos, seguir consumiendo más información no nos da más control. Solo aumenta la sensación de alerta.

Para un estudiante universitario, esto puede ser especialmente desgastante. Después de un día de clases, tareas y pendientes, el celular puede parecer una forma de descanso, pero si el contenido consumido es angustiante, el supuesto descanso termina convirtiéndose en otra fuente de estrés.

No es lo mismo estar informado que estar saturado

Una de las ideas más importantes que vale la pena aclarar es que reducir el doomscrolling no significa vivir desinformado.

Estar informado es saludable cuando ayuda a comprender la realidad, tomar decisiones y participar de manera responsable en la sociedad. Pero estar expuesto durante horas a noticias negativas, conflictos, tragedias, discusiones o contenido alarmista puede generar una sobrecarga emocional.

La diferencia está en el límite.

Leer una noticia importante puede ser útil. Pasar una hora saltando de una noticia preocupante a otra, revisando comentarios agresivos y videos alarmantes, probablemente no aporte claridad. Al contrario, puede aumentar la ansiedad, la irritabilidad y la sensación de impotencia.

¿Cómo afecta a los estudiantes universitarios?

El doomscrolling puede interferir con la vida universitaria de varias maneras.

Puede robar tiempo de estudio, retrasar tareas importantes, afectar la concentración y alterar el sueño. También puede aumentar la procrastinación, porque el estudiante entra al celular para “descansar un momento” y luego se siente culpable por haber perdido tiempo.

Además, si ocurre antes de dormir, puede dificultar el descanso. La mente queda activada, llena de imágenes, noticias, preocupaciones y pensamientos repetitivos.

Con el tiempo, este hábito puede crear un ciclo difícil: el estudiante se siente estresado, busca distraerse con el celular, consume contenido negativo, se siente peor, pierde tiempo, se atrasa y vuelve a sentirse más estresado.

Así, el celular deja de ser una pausa y se convierte en una trampa de atención.

El papel de los algoritmos

El doomscrolling también se relaciona con la forma en que funcionan muchas plataformas digitales.

Cuando una persona interactúa con cierto tipo de contenido, el sistema tiende a mostrarle más publicaciones parecidas. Si se detiene en noticias de crisis, conflictos, tragedias o discusiones intensas, es probable que reciba más contenido similar.

Esto no significa que la persona haya elegido conscientemente ver solo contenido negativo. Muchas veces, simplemente queda atrapada en una cadena de recomendaciones que refuerza el mismo estado emocional.

Por eso, reducir el doomscrolling no depende únicamente de “tener más disciplina”. También implica modificar el entorno digital.

¿Cómo saber si estoy haciendo doomscrolling?

Una forma sencilla de reconocerlo es observar cómo te sientes antes, durante y después de usar el celular.

Puede haber doomscrolling si:

  • Entras “solo por un momento” y pierdes mucho más tiempo del esperado.
  • Sientes ansiedad, enojo, tristeza o desesperanza después de revisar contenido.
  • Te cuesta dejar de mirar, aunque sabes que te está afectando.
  • Revisas noticias o redes antes de dormir y luego te cuesta descansar.
  • Usas el celular para evitar tareas, pero terminas más cansado.
  • Sientes que necesitas seguir mirando para “no perderte algo importante”.

Reconocer el patrón no es motivo para culparse, sino una oportunidad para recuperar el control.

¿Cómo reducir el doomscrolling?

Reducir el doomscrolling no significa eliminar por completo el celular ni dejar de usar redes sociales. Significa aprender a utilizarlas con más intención.

Una estrategia útil es establecer límites concretos. Por ejemplo, definir horarios específicos para revisar noticias o redes, en lugar de hacerlo cada vez que aparece una pausa o una emoción incómoda.

También ayuda desactivar notificaciones innecesarias. Cada alerta puede convertirse en una puerta de entrada a más contenido.

Otra recomendación práctica es evitar revisar noticias o redes justo antes de dormir. Ese momento debería ayudar al cuerpo a bajar el ritmo, no a llenarse de estímulos.

También puede servir preguntarse antes de abrir una aplicación: “¿Para qué voy a entrar?”. Si la respuesta no está clara, probablemente sea un impulso automático.

Pequeños cambios que pueden ayudar

Para reducir el doomscrolling, los estudiantes pueden empezar con acciones simples:

  • Establecer un tiempo máximo para revisar redes o noticias.
  • Desactivar notificaciones de contenido alarmante.
  • Evitar el celular durante los primeros y últimos minutos del día.
  • Seguir cuentas que aporten aprendizaje, calma o inspiración.
  • Silenciar o dejar de seguir cuentas que generan ansiedad constante.
  • Usar el modo “No molestar” durante el estudio.
  • Cambiar el hábito de hacer scroll por una pausa real: caminar, respirar, tomar agua o conversar.
  • Dejar el celular lejos de la cama al momento de dormir.

No se trata de prohibirse todo, sino de construir una relación más saludable con la información.

Una pausa también es una decisión

En una época en la que todo parece urgente, desconectarse puede sentirse extraño. Pero no todo lo que aparece en pantalla necesita nuestra atención inmediata.

Pausar no significa ignorar la realidad. Significa cuidar la mente para poder responder mejor a esa realidad.

Un estudiante que descansa, duerme mejor y protege su atención no está siendo irresponsable. Está desarrollando una habilidad esencial para la vida: aprender a decidir qué merece su energía.

Una idea que vale la pena cuestionar

Decir “necesito estar informado” puede ser válido. Pero también conviene preguntarse: ¿esto me está informando o me está agotando?

El doomscrolling nos recuerda que no toda información nos hace más libres. A veces, el exceso de contenido nos vuelve más ansiosos, más distraídos y menos presentes.

Reducirlo no es alejarse del mundo. Es volver a habitar la propia vida con más calma, claridad y control.

Porque, al final, no se trata de dejar de mirar la realidad, sino de dejar de perderse a uno mismo dentro de una pantalla.