¿Por qué cada vez cuesta más concentrarse?

¿Por qué cada vez cuesta más concentrarse?

¿Cuándo fue la última vez que estudiaste sin revisar el celular? ¿Sin abrir otra pestaña, sin poner música de fondo o sin responder un mensaje a mitad de una lectura?

En la vida universitaria actual, los momentos de silencio son cada vez menos. Entre clases, trabajos, redes sociales, videos y múltiples pantallas, muchos estudiantes pasan el día saltando de un estímulo a otro sin pausas valiosas para el descanso mental, lo cual, aunque pudiera parecer normal, podría estar afectando directamente nuestra capacidad de concentración.

¿Qué es el exceso de estímulos?
El exceso de estímulos ocurre cuando el cerebro recibe información constante sin el tiempo suficiente para procesarla. Notificaciones, multitarea, videos breves y consumo continuo de contenido forman parte de la rutina diaria de muchos jóvenes universitarios.

Plataformas como TikTok o redes gestionadas por Meta Platforms están diseñadas para mantener la atención el mayor tiempo posible. El problema no es su existencia, sino el uso prolongado y sin pausas.

Desde la psicología, este fenómeno puede explicarse a través del sistema de recompensa inmediata del cerebro. Según la doctora Fernanda Coello, cada vez que recibimos un “like”, una notificación o contenido novedoso, se activa la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer.

“La tecnología ofrece recompensas rápidas y accesibles. El cerebro busca aquello que le genera placer inmediato; por eso repetimos conductas como revisar constantemente el celular”, señala.

Gracias a la plasticidad cerebral (la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse), estas conductas pueden convertirse en hábitos. Con el tiempo, actividades que requieren esfuerzo sostenido, como leer un texto académico o escuchar una clase completa, pueden percibirse como menos atractivas frente a la gratificación instantánea de las pantallas.

Atención fragmentada y fatiga mental
El impacto no es solo distracción momentánea; también implica desgaste cognitivo.

“Las funciones ejecutivas, como la atención, la planificación y el control de impulsos, dependen de la corteza prefrontal. Cuando intentamos atender múltiples estímulos al mismo tiempo, estos recursos se agotan”, explica la doctora.

En resumen, el cerebro gasta energía intentando dividir su atención. Así que, cuando finalmente se intenta concentrar en una sola tarea, como estudiar o resolver un problema, la capacidad de enfoque ya está reducida.

Cambios en la dinámica universitaria
Desde su experiencia docente, la doctora también ha observado transformaciones en el comportamiento académico.

“He notado cambios en la atención, en el interés por la clase y en la interacción social. Antes era más frecuente el diálogo entre estudiantes; ahora muchas veces la información se busca directamente en internet o en herramientas digitales”.

La inmediatez tecnológica no solo afecta la concentración, sino también la construcción de comunidad. La facilidad para obtener respuestas rápidas puede disminuir la necesidad de interactuar, debatir o reflexionar colectivamente. En algunos casos, incluso se reduce la tolerancia a actividades que requieren escucha activa o esfuerzo prolongado.

¿Se puede revertir?
Aunque vivimos en una era digital, sí es posible desarrollar hábitos más saludables. El objetivo no es eliminar la tecnología, sino aprender a regular su uso.

Entre las recomendaciones de la doctora Fernanda están:
• Implementar una “dieta digital”, reduciendo progresivamente el tiempo en redes.
• Estudiar en bloques de 20 a 30 minutos de concentración plena, seguidos de pausas breves.
• Desactivar notificaciones y mantener el celular fuera del campo visual durante el estudio.
• Establecer horarios específicos para el ocio digital.
• Cuidar el sueño y evitar pantallas antes de dormir.

“El cerebro también necesita espacios libres de estimulación constante. Aprender a tolerar momentos sin pantallas fortalece la atención y el autocontrol”, concluye.

En un entorno donde todo compite por nuestra atención, aprender a gestionarla puede convertirse en una de las habilidades más importantes para la vida universitaria. No se trata de desconectarse del mundo digital, sino de recuperar la capacidad de concentrarnos, reflexionar y construir espacios de aprendizaje más profundos.