Comparación y redes sociales: cuando el algoritmo parece saber más que tú

Comparación y redes sociales: cuando el algoritmo parece saber más que tú

¿Alguna vez has sentido que la mayoría de estudiantes universitarios avanzan más rápido que tú? Mientras revisas Instagram o TikTok en tu tiempo libre, parece que los demás tienen una vida perfecta: ambiciones claras, propósitos definidos y una orientación vocacional segura.

Sin embargo, lo que vemos en redes sociales no siempre refleja la realidad completa. En estas plataformas solo observamos lo que las personas deciden mostrar, no todo lo que realmente viven. Diversos estudios académicos advierten que el uso intenso de redes sociales puede afectar la autoestima, aumentar la ansiedad y reforzar la comparación social. Por eso, es necesario aprender a usar las redes como una herramienta, no como un juez.

¿Cómo afectan los algoritmos a tu autoestima?

Los algoritmos de las redes sociales están diseñados para mantenernos conectados el mayor tiempo posible. No seleccionan contenido pensando en nuestro bienestar emocional, sino en aquello que genera más interacción. Por eso, vemos constantemente imágenes de éxito, belleza y logros extraordinarios. Esta exposición repetida puede hacernos sentir que no somos suficientes o que estamos “quedándonos atrás”. Según Ndindeng en su estudio de 2024, el 65 % de los jóvenes dedica más de tres horas diarias a las redes sociales.

Además de la apariencia física, también se compara la productividad. En redes vemos compañeros que obtienen becas, viajan, emprenden proyectos o parecen tener todo bajo control. Esto puede generar la sensación de que debemos hacer más y más rápido. La presión no siempre viene de los demás; muchas veces nace de lo que interpretamos al ver sus publicaciones.

La realidad es que las redes filtran la vida: no muestran el proceso, el esfuerzo ni los errores. Ese contraste puede generar frustración y ansiedad innecesaria en muchos universitarios, quienes llegan a sentirse constantemente inferiores al resto.

¿Cómo crear un entorno digital saludable?

Es posible desarrollar hábitos que mejoren el bienestar mental, como limitar el tiempo diario de uso, dejar de seguir cuentas que generen inseguridad, elegir contenido educativo y auténtico, y programar pausas digitales regulares.

Finalmente, las redes sociales no son enemigas; el problema suele estar en la forma en que las usamos. Pueden ser una oportunidad para conectarnos, aprender, compartir proyectos e incluso encontrar oportunidades académicas o profesionales. Lo que falla es permitir que se conviertan en un juez que mide nuestro valor personal.

Utilizarlas con intención implica preguntarnos por qué entramos y qué queremos encontrar allí. En el momento en que pasamos de la comparación inconsciente a un uso consciente, las redes dejan de ser una amenaza y se convierten en aliadas en nuestro proceso de crecimiento.