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Nada interrumpe el paso del tiempo,
es éste el dueño de nuestras vidas,
marcapasos de los sueños, de las risas,
del llanto, de las desdichas.
Reloj que alumbra o que ciega,
traidor que mata y no avisa,
amigo del enemigo
cuando, precisamente en el tiempo, con él se alía.
Es el tiempo el escenario
donde se da cita la escenografía
de este mundo sórdido, circense y tremebundo,
donde nada y todo vale,
donde todo y nada importa,
donde es poco lo que aprendes,
donde es mucho lo que ignoras,
Es, en justicia, el tiempo
mi gran y auténtica pesadilla,
por no ser bien de mercado
para comprarlo a mi guisa.
¡Ay, tiempo...
tiempo...
tiempo...!.
María José Mielgo
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