1
Oh, caricia sin fin, agua constante,
porción de cielo azul en la mirada,
voz que me llegas del ayer distante,
horizonte de paz, rosa encantada.
Toma mi corazón, su luz clamante
y esta sangre de amor, maravillada.
Retórname a vivir en el verano,
en el campo de espigas de tu mano.
4
Alguna vez canté , maravillado,
las exactas colinas de tus pechos,
la curva vegetal de tu costado,
la nave de tu vientre, los helechos
que circundan tu sexo doblegado.
Alguna vez canté… Yacen deshechos
los versos que escribí. Hoy sólo canto
la soledad del hombre y su áureo llanto.
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V
Los puentes de París cruzan el río
y la barca de la Isla, conmovida,
tiende, bajo las nubes del rocío,
su velamen de piedra detenida.
Ella está aquí, perdida en el vacío,
traspasada de azul, el alma herida,
en tanto el vino de su sangre ardiente,
emborracha los cielos del poniente.
Enrique Noboa Arízaga
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