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Y decía Dios que se hagan los manjares... y aparecieron las frutas maduras.
Ordenó que solo pocos hollaran el cielo... y se originaron las aves.
Dijo que nacieran de la naturaleza, sonrisas... y brotaron miles de especies de flores.
Seguía creando lo celestial, bello y canoro... surgieron los pavos reales, los cisnes y los albatros.
Dispuso luego que asomen sus aliados... allí estaban los peces, borricos y animales muy variados.
Y creyó era necesario disciplinar las sombras... sonrieron de pronto los irisdiscentes relámpagos solares.
Había que refrescar con pureza y cristal la tierra... corrieron cantarinos: ríos, fuentes, lagos, mares...
No había aún pensado Dios en la lujuria en el pecado, la traición y la belleza seductora, cuando apareció la mujer, de pie bajo el manzano!
Bolívar Delgado Arce
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Mañana cuando llegue, cuando mis manos llamen a tu corazón, y el frío sea una sombra blanca golpeándome en las carnes; escúchame pequeña, mañana cuando llamen mis pobres manos tristes, mi corazón, mis cartas; este naufragio de hombre en tu ternura niña. Otro día, cuando venga con la medida exacta de amor en las pupilas, con todas las palabras que te robé en silencio, con la limosna inútil de amargo forastero: no me eches de tu lado. Quizá ya en los trigales se agitará la espiga, tu nombre y tu recuerdo. Tal vez no sea tarde para encender luceros en cielos de esperanza, Quizás en la distancia me estés, tú, recordando…
Marco Romero Heredia
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