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Poeta Invitada

TEODORO VANÉGAS ANDRADE (1926 – 2002)
POETA DEL HOMBRE

Poeta, narrador y periodista. (colaboró por muchos años con la prensa nacional, publicó una novela y tres poemarios, y consta en varias antologías nacionales y mundiales). Con traducción de poemas y ensayos a varios idiomas (francés, inglés, italiano, ruso), Teodoro Vanégas Andrade es uno de los escritores ecuatorianos más internacionales.
Viajero infatigable, recorrió países tan diversos y distantes, como la ex Unión Soviética y Estados Unidos, Francia y Bolivia, Checoslovaquia y México, Chile y Brasil, Paraguay ..., dejando en cada uno de ellos su espíritu, su palabra; incorporando a su vida experiencias, recuerdos y más vida.

Testigo de la opresión y la explotación que sufren sus hermanos de toda la tierra, Vanégas Andrade hizo de la solidaridad su bandera y su destino; se transformó en la voz de “los obligados del silencio”, de “los hombres que enajenan,/ por un pan agrio,/ el metal de su Historia y su leyenda.”

De esta manera, compromiso, solidaridad e irreverencia quizá sean los sustantivos que mejor definen a este poeta, cantor de la humanidad, de la tierra, el mar y la nieve; que no hurtó nunca, sin embargo, su estro a la celebración de la existencia, el amor y la amistad. Así, en estas líneas: “Y diciembre llegó;/ y en diciembre se oye más el canto,/ y el amor es tan fácil .../ no cuesta sino el vino,/ una fogata,/ una sábana blanca/ y un poco de tristeza en la mañana.”

 

OFICIO MALO

  En qué burbuja
del tiempo hemos llegado.
Con qué piel nos vistieron,
con qué traje.
Con qué señal
nos echaron al terrón de la sangre.
Qué voz nos dieron,
qué zumos
para el árbol sin fin de la palabra.

Anudamos la voz
al viento,
a la lluvia,
a los pájaros ...
para escribir canciones
en la corteza de los árboles;
para cruzar el aire
bajo la bruma de todas las ciudades;
para cantar
en cualquier noche,
en cualquier puerto
y en cualquier lenguaje.

Pero a veces,
a voz se yergue
sobre la herida, sobre el llanto.
Entonces,
han de golpearnos
hasta el polvo de los huesos;
y mil cuchillos
han de cortarnos la voz en la
garganta.

Para qué
nos mandaron con el canto,
si un día
el dolor o el miedo ha de callarnos;
y solo vamos
a anudar nuestra palabra
al viento,
a la lluvia,
a los pájaros.

ˇAh, este oficio duro,
este oficio malo!...