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Oh ser un capitán de
quince años
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en
las
barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al
óleo
las huelgas de los cargadores de grúas paradas ante el
cielo
de zinc
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un
cuerpo
en las aguas con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy los cristales empañados la música zíngara
Los relatos de pulpos serpientes y ballenas
De oro enterrado y de filibusteros
Un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
Una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de ná-
car
bajo los cocoteros.
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Despertarse a medianoche
con el furor de las rosas
envuelto en la maciza y húmeda oscuridad otoñal
con los jinetes heridos en las armas del crepúsculo
y para decir tu nombre cerrar los ojos despacio como
oprimiendo
un rubí
y ver en el cuadro negro de la ventana vacía la luz de
los
antifaces:
la noche, sólo una gota de sangre para mis labios,
para el fulgor de tu cuerpo un talismán silencioso. Ca-
llad:
es mi corazón.
Pere Gimferrer (español)
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