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En las naves del viento
te envío pañuelos verdes
con aroma de eucalipto
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En el huerto
en danza misteriosa
sombras aladas se embriagan
con perfume de cerezos
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Sobre tanques y fusiles
han crecido flores.
En cementerio de guerra
ha surgido un jardín
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Un pájaro
ha colgado su nido
de la sombra
de un balcón
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Metió la mano
en el bolsillo
y encontró
un nido de pájaros
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Con sandalias
de sueños
recorro
los caminos de la vida
Magaly Vanégas
Coveña
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La urbe está de fiesta
al fin regresan los exiliados,
la tierra soñada
en extenuantes jornadas,
afirmará ahora
el futuro acariciado;
por cientos y por miles
se cuentan los vecinos,
de Adín y Bigvai
de Azgad y Belén,
hay cantores, levitas,
jefes de familia y sirvientes;
todos bailan, beben y se abrazan
hasta consumar la celebración,
hasta advertir en las caras
de los otros deportados
el movimiento de las estaciones
la persistencia del tiempo,
su visible desubicación.
Sin despedirse cansados se retiran.
Nadie lo dice, pero el silencio avisa
de un corto descanso,
previo el reinicio del viaje.
César Molina
M.

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