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He notado en tus ojos tristeza
de invierno
y una luz que resbala hacia bordes opacos.
En tus labios he visto dolor y desierto,
como si algo dejara en su hueco la arena
que algún viento lejano arrastró por el tiempo.
Me has mirado y he visto que al fondo de tu alma
se ha colgado una daga de tórrido hielo.
Si dejaron sin nervio el color de tus sueños,
despoblados y ausentes, y dejaron sin besos
la tibieza inocente y azul de tu cuerpo,
yo, que no te conozco, te ofrezco mi noche
encendida de estrellas de un cálido cielo.
Y que en negro arrebato nos trague el silencio.
Emilio Ballesteros (español)
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Ella estalla como el verano,
no es posible evitarla o detener su rostro,
avanza en cualquier calle,
aún hace ruido al pie de mi silencio,
muchas veces me miran para ver su
dulzura,
por ella se me han puesto
suaves las manos, suave el corazón,
la muchacha infinita me posee,
llena mis días con su ausencia,
no me deja andar triste, me permite
subir por su recuerdo,
todo lo más habrá que ver cómo vivir
sin ella,
la señora sentada al fondo de mi
sangre.
Juan Gelman (argentino)
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Te perseguiré por los siglos
de los siglos.
No dejaré piedra sin remover
Ni mis ojos horizontes sin mirar.
Donde quiera que mis voz hable
Llegará sin perdón a tu oído
Y mis pasos estarán siempre
Dentro del laberinto que tracen los tuyos.
Se sucederán millones de amaneceres
y de ocasos,
Resucitarán los muertos y volverán
a morir
Y allí donde tú estés:
Polvo, luna, nada, te he de encontrar.
María Mercedas Carranza
(colombiana)
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Mi padre
siempre veía todas sus cosas
herrumbrosas
y vamos
a limpiar decía a su
corazón
pero su tiempo
lo apuraba y de una subida a
otra subida
las cimas eran demasiado grandes
prendía fuego con leña
y hablaba pero sólo él
oía
su conversa ruginosa
que con la cortedad de su tiempo
cerró las puertas puso el pasador
arrimó la tranca
y solitario en su niñez
de nuestra casa
lo vi sosegado solo con su trance.
Reynaldo Pérez Só (venezolano)
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