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Yo te fui desnudando de ti
mismo,
de los tús superpuestos que la vida
te había ceñido.
Te arranqué la corteza -entera
y dura-
que se creía fruta, que tenía
la forma de la fruta.
Y ante el asombro vago de
tus ojos
surgiste con tus ojos aún velados
de tinieblas y asombros ...
Surgiste de ti mismo; de tu
misma
sombra fecunda -intacto y desgarrado
en alma viva ...
Dulce María Loynaz (cubana)
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Inclínate amor mío hacia adelante. Deja tu cuerpo suspendido en el vacío: yo beberé la luz que tú derrames Jesús Cabel (peruano)
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La primera lluvia del año
moja las calles,
abre el aire,
humedece mi sangre.
¡Me siento tan a gusto y tan triste,
Tarumba,
viendo caer el agua desde quién sabe,
sobre tantos y tanto!
Ayúdame a mirar sin llorar,
ayúdame a llover yo mismo sobre mi
corazón
para que crezca como la planta del
chayote
o como la yerbabuena.
¡Amo tanto la luz adolescente
de esta mañana
y su tierna humedad!
¡Ayúdame, Tarumba, a no morirme,
a que el viento no desate mis hojas
ni me arranque de esta tierra alegre!
Jaime Sabines (mexicano)
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