Ha salido el sol nuevamente. La lluvia
se ha esfumado.Enciendo cirios
a pesar del calor. Ilumino todos los cuartos y marco un sendero
con flores recogidas en el amanecer.
La casa mueve la cola.
La exuberancia de las flores quemadas
se extiende.Danzo. Mi túnica
resplandece.
Más tarde bajaré
a la quebrada y recogeré el humus escondido bajo de las
piedras.
Pronto llegará nuevamente
la noche ... entonces ella volverá a rugir.
Las nubes se alejan desiguales mientras
la curandera coloca emplastos de hierbas en mi cuerpo amoratado.
Estoy vendada desde la cabeza hasta los pies. Mis heridas no
cicatrizan.
Ha llegado el niño nuevamente.
Esta vez trajo un pequeño caracol de mar.
Guardo elefantes de cuarzo, una
flor de arena y mis fetiches. La brisa salada que embalsama
la memoria.
Cuentan que la casa y yo hemos desaparecido
sin dejar un solo indicio.
Miro al niño. Lleva en su
cintura las espinas. Desciende con los tambores. Miles de fragmentos
del pasado abren la senda por donde transita quedamente, sin
prisa.
Se acerca y me besa la frente.
Traspasamos el límite.
Catalina
Sojos

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DIRCCION MUNICIPAL
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