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Diario HOY
Las universidades del Ecuador, a rendir cuentas en 2005 http://www.hoy.com.ec/zhechos/2004/libro/tema17.htm Sábado 1º de enero de 2005
¿Cuántos de los más de 300 mil estudiantes universitarios consideran que reciben una educación superior de calidad? El Ecuador tiene 66 centros de educación superior legalmente aprobados, la mayoría de los cuales han abierto extensiones en varias ciudades; y posee más de 300 institutos técnicos calificados como de nivel superior. En 2002, se matricularon en las universidades públicas 237 134 estudiantes, el 65% del total de la población universitaria; y en las privadas, 83 591. El Presupuesto del Estado de 2005 destinará $963 millones para la educación básica, que atiende a 2,4 millones de niños y jóvenes, es decir, $385 per cápita. A las universidades, entregará $432 millones, casi $1 400 per cápita. ¿Cómo son manejados esos fondos? ¿Han rendido cuentas alguna vez las universidades al país sobre su uso? ¿No es tiempo de revisar el sistema estatal de financiamiento de la educación superior? ¿Qué pasa con la calidad de esta? ¿Quién controla la proliferación de universidades que, en muchos casos, no reúnen las condiciones para garantizar la formación académica básica de los estudiantes? Iván Carvajal, escritor e intelectual de amplia trayectoria, es una de las personalidades más calificadas para responder esas inquietudes: conoce las universidades por dentro, como profesor e investigador, y por haber ejercido antes y desempeñar ahora funciones profesionales en organismos universitarios como el antiguo Conuep o el actual Conea. Para Carvajal, la actual situación universitaria debe ser contextualizada. En América Latina -dice-, se habla ahora de la tercera reforma universitaria: la primera fue la de Córdoba, Argentina, que luchó por la autonomía, el cogobierno y la libertad de cátedra; la segunda se relacionó con la participación política en los procesos sociales de los setenta y trajo como consecuencia, a lo largo de las tres décadas siguientes, el crecimiento espectacular de la matrícula, que tuvo, como contrapartida, la falta de una suficiente preparación para afrontar ese crecimiento. La tercera, sería un esfuerzo actual por la calidad, que tiene como aspectos fundamentales el proceso de evaluación interna y de acreditación, de fortalecimiento de los mecanismos de autorregulación de las instituciones y que debería tener, como contrapartida, los esfuerzos de los Estados para replantear la función de las instituciones educativas, abrir la posibilidad de ampliación y diferenciación universitaria y asegurar que los efectos del sistema que evalúa se convierta en inversión dentro de las universidades. -¿El deterioro de la universidad pública se aceleró por el explosivo aumento de la matrícula o por la confrontación política interna? Un vuelco en la financiación Para Iván Carvajal, al juzgar el tema del gasto universitario no hay que olvidar que es parte de la inversión en ciencia y tecnología, inversión general para el conjunto de la sociedad. El mecanismo tradicional de entrega de recursos es el equivocado. El Estado ecuatoriano no ha entendido lo que la inversión en educación superior está con los parámetros anteriores a 1960... El sistema de reparto de fondo se concreta en porcentajes de acuerdo con el número de estudiantes matriculados. Pero si no cambia la política de Estado con respecto a la educación superior, tampoco habrá mejora de la calidad de esta última. Afrontar la apertura de los mercados, la globalización, pasa por el cambio de la educación y por preparar mejor a los profesionales. Para hacer un cambio en la universidad se requiere, por una parte, el adecuado manejo de los recursos pero, por otra, se necesita invertir. No se trata de dar fondos a las universidades para que sigan haciendo ellas lo que quieran, sino fondos determinados para el desarrollo de la educación superior. Esto se ha hecho en aquellos países en donde esta ha cambiado. Así, es posible crear grandes fondos estatales para propiciar la investigación o cambios en la estructura universitaria, o posibilitar la relación de los centros de educación superior con la empresas. Pueden ser fondos concursables, con proyectos concretos. Pero, para acceder a ellos, se establece una condición esencial: que las universidades se hayan evaluado y acreditado. La tercera reforma Ciertos profesores universitarios, en la Asamblea Constituyente, plantearon algo que, según Iván Carvajal, rompe la tradición de las universidades, e incorporaron en la Constitución la obligación de rendición social de cuentas a la sociedad. Esa rendición es más amplia que la que se presenta ante la Contraloría del Estado. Las universidades no solo deben aclarar cómo usan los recursos, sino cómo trabajan, cómo se organizan, qué tipo de profesionales forman. La Constitución establece el sistema nacional de acreditación y evaluación de la educación superior - Pero, ¿se trata de un sistema opcional?
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